Ir al contenido principal

¿Era la naturaleza de Jesús como la de Adán antes de la caída o después de la caída?


        Creado a imagen y semejanza de Dios, y hecho un poco menor que los ángeles, Adán fue corona de la creación. Fue puesto allí para poblar y dominar la tierra, de no haberse presentado aquel fatídico evento que marcó un antes y un después, la caída del hombre. Antes de la caída nuestra naturaleza humana estaba en armonía con Dios, nuestra tendencia era solo a lo noble, un caracter limpío, puro y sin mancha.  Después de la caída nuestra naturaleza entró en enemistad con Dios, nuestra tenencia era al mal, un careacter pecaminoso. Satán engañó a nuestros primeros padres, pero Dios, en su misericordia no nos abandonó. Además de cubrir la vergüenza de nuestros primeros padres, Dios aprovechó la ocasión para revelar la más hermosa profecía jamás dada, nuestro salvador, el segundo Adán, Jesús. El primer Adán cayó, pero ahora se nos daba la oportunidad de dejar nuestra suerte en manos del segundo Adán. El primer Adán condenó a su futura descendencia a cargar con una naturaleza diferente de la que este gozaba antes de la caída. El segundo Adán debía redimirnos de dicha naturaleza. ¿Qué naturaleza tendría el segundo Adán, la del primer Adán antes de la caída, o después de la caída? Gen 1:26-28; 2:15; 3:1-24. 1Cor 15:22,44-50. Rom 7:15-25; 8:1-4.

Dios creó a los primeros humanos. Primero creó a Adán, luego a su esposa Eva. Ambos fueron creados a imágen de Dios. Tenían un caracter noble y una tenencia a lo bueno, estaban en armonía con las leyes divinas. Cada detalle del hombre estaba en armonía con el carácter de Dios. Todo era felicidad. Gen 1:27-31.

Dios hizo al hombre perfectamente santo y feliz; y la hermosa tierra no tenía, al salir de la mano del Creador, mancha de decadencia, ni sombra de maldición. (CC9,3) https://m.egwwritings.org/es/book/1749.32#35

Dios creó un jardín para el hombre, el jardín del Edén. En manos de Adán se puso todo cuanto fue creado. Este debía administrar la creación de Dios. Desde las plantas, a los insectos; desde los peces hasta las aves, y cuanta especie hubo de animales, todos fueron entregados a Adán. No es de extrañar que lo primero que el hombre hizo fue poner nombre a sus regalos. Gen 2:15-25.

Un fatídico evento, la acída del hombre, lo cambió todo. Dios creó arboles para que el hombre y su esposa comieran, esta era la forma en que se sustentarían. Además de los árboles comestibles; en el huerto del edén había otro árbol, el árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal. Dios advirtió al hombre que no comiera de este árbol, podía comer de todos los demás, pero de este no debía comer, el día que comiera iba a morir. Desgraciadamente el hombre comió del árbol. Este fatídico evento dividió la humanidad en un antes un después.  Gen 2:27; 3:8-24.

 La transgresión de la ley de Dios, de la ley de amor, fué lo que trajo consigo dolor y muerte. Sin embargo, en medio del sufrimiento resultante del pecado se manifiesta el amor de Dios.  (CC9,3) https://m.egwwritings.org/es/book/1749.32#35

Además de los cambios negativos que sufrió el entorno que rodeaba al hombre, este también fue marcado de por vida. De una naturaleza humana noble y con tendencia al bien; adquirió una naturaleza humana pecaminosa con tendencia al mal. El hombre que anteriormente tenía pensamientos nobles y tendencias sanas; ahora tenía tendencias al mal. ¡En su ser fue escrita una ley que va contra su voluntad, que va contra le ley de Dios, que va contra lo que es noble! Por herencia hoy día tenemos esta naturaleza, desde que salimos del vientre de nuestra madre ya estamos manchados. Miles de años después de aquel fatídico evento, el apóstol pablo declara en Romanos 7:

14 Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado. 15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado.

            El primer Adán cedió ante Satán, nos sujetó bajo esta maldición que además de una naturaleza caída nos condenó a muerte. Dios es tan bueno y misericordioso que tomó la ocasión para además de la sentencia que acarreó la desobediencia del primer Adán, también nos dió la más hermosa profecía. Para cubrir la vergüenza de Adán Dios hizo un acto que mostraba la profecía de amor más bonita jamás contada. No solo cubrió su vergüenza vistiéndolo de la piel de un corderito, sino que mostraba cómo entregaría a su hijo amado Cristo Jesús, para ser muerto y redimir a Adán y a su descendencia. El segundo Adán, como se le conoce a Jesús, se sacrificaría por nosotros para restaurar aquello bonito que Dios puso en nosotros al principio. Ese acto de sacrificio que Dios hizo nos lo dejó como rito y ordenanza, cada año se sacrificaba un corderito sin machas, debía este ser perfecto. Este corderito se sacrificaba en símbolo de aquel que iba a llevar en sí nuestros dolores, nuestros sufrimientos, y en última instancia morir como morimos, pero sin pecar. Varón de dolores como le llama el profeta Isaías. Gen 3:20-21. Isa 53:3-10. Lev 16. Exo 12. 1Cor 5:7. Luc 4:18

Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos. Se hizo “Varón de dolores” para que nosotros fuésemos hechos participantes del gozo eterno. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria a esta tierra corrompida y manchada por el pecado, obscurecida por la sombra de muerte y maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insultos, humillación, odio y muerte. “El castigo de nuestra paz cayó sobre él, y por sus llagas nosotros sanamos.” ¡Miradlo en el desierto, en el Getsemaní, sobre la cruz! El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios sintió en su alma la terrible separación que el pecado crea entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿por qué me has desamparado?”. (CC13,1) https://m.egwwritings.org/es/book/1749.32#52

            Jesús vino, fue tentado en todo como nosotros, y salió vencedor. El primer Adán cedió, pero el segundo Adán no. Se hizo semejante a nosotros sus hermanos. Nosotros estábamos condenados a muerte, y el imperio de la muerte lo tenía Satán. Jesús vino, se hizo igual a nosotros y por medio de la muerte destruyó al que tenía el imperio de la muerte. Heb 2:14-18

            ¿Era la naturaleza de Jesús igual a la de Adán antes de la caída o después de la caída? Nosotros como descendientes de Adán estamos más que claro que nuestra naturaleza es la de Adán después de la caída. En nuestros ser hay escrita una ley que nos impulsa al pecado, esta ley hace guerra contra lo espiritual, contra lo bueno, contra lo noble. Esta ley llamada la carne, llamada pecado, está tatuada en nosotros, y al respecto la biblia expresa que ni con legía puede quitarse de nosotros. Nosotros nacemos pecadores. El pecado no es solo acción contra le ley de Dios, no es solo herrar al blanco, el pecado está impregnado en lo más profundo de nuestro ser. El pecado es tendencia, el pecado es deseo. La biblia expresa que hasta con el pensamiento pecamos. El apóstol Pablo escribe en Rom 7, que él era un miserable, un miserable porque hacía el mal que no quería hacer, él quería hacer le bien, pero esa ley escrita en su ser lo llama a satisfacerla, aun habiendo conocido a Jesús sigue eso en nosotros.

            La naturaleza de Jesús no era como la de Adán despúes de la caída, era como la de Adán antes de la caída. No podía ser como nosotros, de lo contrario no hubiese podido ser el sacrificio. El sacrificio tenía que ser perfecto. Dios nunca aceptó un corderito con defecto, debía ser limpio y puro. ¿Era posible que Jesús teniendo la naturaleza de Adán antes de caer pudiera ser tentado? Por su puesto que podía ser tentado, Adán no era de naturaleza pecaminosa cuando fue tentado, era noble y puro. Esos pensamientos malos que hoy llegan a nuestra mente sin nosotros buscarlos no podían estar en la mente de Jesús, esto lo hubiese hecho inaceptable como sacrificio. Al respecto la Elena G. White escribe:

            Dos naturalezas unidas en Cristo—Si llegamos a ser participantes de la naturaleza divina podemos ser puros, santos e inmaculados. La Deidad no se hizo humana, ni lo humano se hizo divino por la unión de estas dos naturalezas. Cristo no poseía la misma deslealtad pecaminosa, corrupta y caída que nosotros poseemos, pues entonces él no podría haber sido una ofrenda perfecta. Manuscritos 94, 1893. https://m.egwwritings.org/es/book/202.782#792

Las tentaciones a las cuales fue sometido Cristo eran una terrible realidad. Como persona libre él fue puesto a prueba, con libertad para ceder a las tentaciones de Satanás y obrar en desacuerdo con los propósitos de Dios. Si esto no hubiera sido así, si no hubiera sido posible para él caer, no podría haber sido tentado en todo punto como es tentada la familia humana. MS 148,1 https://m.egwwritings.org/es/book/202.782#796

Las tentaciones de Cristo y los sufrimientos que tuvo a consecuencia de ellas, estaban en proporción a su carácter elevado e impecable. Pero en todo momento de prueba Jesús se dirigió a su Padre. El “resistió hasta la muerte” en la hora cuando el temor al fracaso moral era como el temor a la muerte. Al postrarse en Getsemaní, en su agonía de alma, gotas de sangre brotaron de sus poros y humedecieron la tierra. Oró con fuertes clamores y lágrimas, y fue oído por su miedo. Dios lo fortaleció, como fortalecerá a todos los que se humillan a sí mismos y se arrojan—alma, cuerpo y espíritu—en las manos de un Dios que guarda el pacto.3M 148,2. https://m.egwwritings.org/es/book/202.782#797

Sobre la cruz Cristo conoció, como ningún otro, el terrible poder de las tentaciones de Satanás, y su corazón se derramó en piedad y perdón por el ladrón moribundo que había sido entrampado por el enemigo.—The Youth’s Instructor, 26 de octubre de 1899. https://m.egwwritings.org/es/book/202.782#798

El corazón de Cristo fue atravesado por un dolor mucho más agudo que el que le causaron los clavos que atravesaron sus manos y pies. Estaba soportando los pecados de todo el mundo, sufriendo el castigo que nos correspondía, la ira de Dios contra la transgresión. Su prueba implicaba la terrible tentación de pensar que había sido olvidado por Dios. Su alma se vio torturada por la presión de las grandes tinieblas, por el temor de ser desviado de su rectitud durante la prueba terrible. https://m.egwwritings.org/es/book/202.782#799

Si no hay una posibilidad de ceder, la tentación no es tentación. La tentación se resiste cuando el hombre se ve poderosamente persuadido a cometer la acción errónea; y, sabiendo que él puede cometerla, resiste por la fe, aferrándose firmemente al poder divino. Esta fue la prueba por la cual Cristo pasó.—The Youth’s Instructor, 20 de julio de 1899. https://m.egwwritings.org/es/book/202.782#802

Conclusión

            Jesús tuvo la naturaleza de Adán antes de caer, Jesús era 100% humano, y 100% Dios. Jesús fue tentando en todo lo que nosotros podemos ser tentado, tentado a nuestra semejanza. Cuanta alegría me produce Dios. Gloria a su nombre! Él no se olvidó de nosotros, eso que nosotros no pudimos vencer, envió a Jesús para vencerlo por nosotros. Como expresa Pablo, en la carne condenado al pecado, pero en el espíritu vivificado. Jesús era humano, su cuerpo estaba sujeto a la vejez, a la muerte, a las necesidades que todos tenemos; pero su naturaleza no era pecaminosa, su tendencia no era al mal, era como la de Adán antes de la caída.

Comentarios

  1. https://www.youtube.com/watch?v=f9L-iS4e1t8
    Esete video muestra una discución del mismo tema.
    Este resumen sobre el libro de Dennis Priebe también trata el asunto: https://vida-en-las-letras.blogspot.com/2023/02/cara-cara-con-el-evangelio-verdadero.html

    ResponderBorrar

Publicar un comentario