Introducción
Hay muchas cosas en las que al hombre hay que darle sus méritos.
El hombre ha conquistado corazones con sus poesías, los mares en sus barcos,
los cielos en sus aviones, y el espacio en sus naves. Me asombra ver los
avances tecnológicos de la informática y los campos que se están incursionando.
Pero a pesar de todas estas conquistas hay algo que el ser humano no pudo
solucionar, y es el problema del pecado.
Desarrollo
En el jardín el Edén al hombre se le dio una
advertencia respecto a obedecer a Dios, y era que si este no lo hacía moriría.
El hombre desobedeció, pero nunca lo vimos morir por la desobediencia. La
sentencia que Dios había dado era muerte inmediata, por lo que la muerte de
Adán pasados 930 años no pudo haber sido la sentencia. La sentencia era la
muerte eterna, también conocida como la muerte segunda. Gen 2:17; 3:22-24; Apoca 20:14
¿Por qué no murió el hombre? Inmediatamente el hombre pecó, se proveyó
para él un sustituto. La muerte que le correspondía al hombre la pagó Jesús.
Desde antes de la creación ya Dios había hecho provisión para socorrer al
hombre. Como símbolo, un cordero fue inmolado para cubrir la vergüenza de Adán
y Eva, al mismo tiempo haciendo alusión a la muerte de Jesús. Gen 3:21; Apoca
13:18; Juan 1:29.
La
muerte que nos correspondía, aquella que no podíamos pagar, la pagó Jesús. Esta
muerte que hoy día padecemos no es más que una de las maldiciones fruto de la desobediencia.
La muerte de Adán fue un descanso de todo lo que tuvo que sufrir, no fue fácil
para él vivir la transición del paraíso a la tierra maldita por el pecado. La
muerte que los hombres sufren previo al juicio es solo un sueño. Juan 11:11-14.
Hechos 24:15. Juan 5:29. Apoca 20:11-15. Apoca 21:1-4
¿Por
qué resucitó Jesús si le correspondía pagar por nuestras transgresiones? ¿Por
qué no murió Jesús eternamente? A diferencia de Adán, Jesús no pecó. Fue hecho
en todo semejante a nosotros, pero sin pecado. Jesús asumió la culpa de Adán,
pero fue vencedor. A través de su muerte Jesús venció el pecado. Heb 4:15, Rom
8:3.
Conclusión
Cuando
medito en la muerte de Jesús más lo amo. Desde la fundación del mundo ya había
sido prometido en nuestro favor, ya sabía que iba a morir, más sin embargo
nunca retrocedió. No fue una entrega fácil esta que hizo Jesús, pero venció, y
solucionó el problema del cuál el hombre no pudo salir por sí mismo. ¡Gloria a
Dios y a nuestro señor Jesús por librarnos de pecado!
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